15:41 h. Jueves, 24 de abril de 2014

Opinión

Cristóbal Peñate

Divide y perderás por Cristóbal D. Peñate

Periodista

Cristóbal Peñate

El éxito se ha debido a dos poderosas razones: la unidad de los sindicatos, después de tantos años convocando por separado, y el precario estado de los trabajadores. Tras la reforma laboral más salvaje hecha por un gobierno democrático y los recortes más atroces nunca conocidos por estos lares, a los trabajadores (y sobre todo a los que no trabajan muy a su pesar) no les ha quedado más remedio que unirse para que la protesta no quedara diseminada y capidisminuida.

Los poderosos, los que ostentan el poder político y económico, saben que al enemigo (como llamó el comisario de policía a los estudiantes valencianos) se le vence dividiéndolo. Divide y vencerás, debieron pensar Rajoy y Carmen Hernández Bento, remedando al emperador Julio César.

Basta que los sindicatos digan que en las dos capitales canarias asistieron 40.000 personas para que Bento dividiera entre cuatro y asegurara que solo 10.000 indignados pisaron las calles. No está mal para un puente. Es evidente que la Policía Nacional es de letras porque de números está bastante pez.

Fuimos muchos los que pisamos ayer las calles de la capital grancanaria para protestar por las medidas que el Gobierno central está aprobando paulatinamente en contra de los derechos de los trabajadores. Es verdad que el gobierno no se da por aludido porque trabajar, lo que se dice trabajar, trabaja poco.

Por mucho que la secretaria general de PP asegure que el Gobierno de Rajoy está trabajando en ello, como Aznar cuando se disfrazaba de tejano, no parece nada claro que los populares estén muy preocupados por el desempleo en el país, que este año llegará a los seis millones, según vaticinan los propios ministros de la cosa.

Cospedal tuvo la desvergüenza de decir ayer que el gobierno recuerda a los parados y a quienes no tienen un empleo. Suena sarcástico en boca de una mujer pluriempleada que cobra varios sueldos elevados sin merecerlo. El cinismo y la indecencia son males endémicos de ciertos políticos. Los trabajadores, y sobre todo los parados, no tienen por qué seguir aguantando tanta estupidez. La protesta de ayer puede ser el punto de inflexión para no seguir haciendo la genuflexión.


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