5:02 h. Viernes, 25 de abril de 2014

Opinión

Si no lo paramos, no van a parar por Adolfo Padrón Berriel* Adolfo Padrón Berriel*

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Desde el pretexto del imperativo, desde la justificación del “no me dejan otra”, explica el gobierno de Canarias su papel como colaborador necesario en la aplicación autonómica de esas políticas y se apunta a lo fácil: rebajar nuevamente las retribuciones de los empleados públicos –elemento imprescindible para generalizar la devaluación salarial del conjunto de los trabajadores- y aumentar los impuestos indirectos –gravando al consumo y por tanto favoreciendo la recesión-.

Los discursos, de uno y de otro lado, no se diferencian en demasía: ambos argumentan que vivimos una época de sacrificios ineludibles, que es necesario ajustarse el cinturón –hasta que la barriga se nos pegue al espinazo, por lo visto- para volver a una hipotética senda de crecimiento y bienaventuranzas. La diferencia, si acaso, está en que los segundos piden perdón antes de tirar de la correa mientras que los primeros sonríen al comprobar que se nos pone cintura de Sílfides; pero ambos, de una manera u otra, pretenden resignarnos afirmando que se trata de medidas temporales y absolutamente inevitables –si queremos eludir al hombre del saco, según De Guindos- .

¿Imaginan a un objetor de conciencia al mando de un pelotón de fusilamiento, arguyendo que asume ese papel para aliviar el sufrimiento de sus potenciales víctimas? ¿Lo imaginan decretando la andanada mientras llama a resistir a los destinatarios de los proyectiles? Cuanto menos resultaría kafkiano. Ese es el papel que se adjudica José Miguel Pérez para explicar las recetas con las que el ejecutivo canario hará frente a los devastadores presupuestos estatales. Menos afectado, un Paulino que hace méritos como escapista, se apropia de la línea argumental de los sacrificios inevitables y tiende una mano al ejecutivo central para recuperar la senda del diálogo.

Rivero y Pérez, cada uno a su estilo, no muestran en la práctica excesivos escrúpulos en desarrollar los recortes impuestos desde Madrid, pero llaman a la resistencia. Resistencia la suya a abandonar la poltrona, pueden pensar muchos, porque cuando no se está de acuerdo con decisiones impuestas, lo más coherente es rebelarse (y ahí sí que estarían construyendo algo parecido a un frente amplio) o presentar la dimisión (y ahí obtendrían la comprensión y el respeto de la ciudadanía).

Lo cierto es que entre pitos y flautas, bien sea desde Berlín, desde Madrid o desde Avenida José Manuel Guimerá nº 5, se condena a Canarias a una situación de absoluta fractura social, de insoportable empobrecimiento y de intolerable desprotección de sus gentes.

Los recortes del gabinete Rajoy no es que supongan más agua sobre mojado, más bien se manifiestan como una gota fría sobre terreno anegado que amenaza con hundir y destruir nuestros ya debilitados Servicios Públicos –seguramente así resultará más sencillo entregarlos a la jauría de la especulación privada, como ya se anuncia en otras comunidades como Castilla-La Mancha o Valencia, antes de que el “efecto Hollande” consiga, si es que lo logra, cambios de rumbo en la política económica europea-.

Pero Rajoy promete nuevos y sistemáticos recortes –el los llama ajustes del sistema- cada viernes hasta el final de la legislatura, convirtiendo en tradición los “sacrificios” al nuevo becerro de oro en que se han convertido eso que llaman los mercados financieros. La nueva deidad, mientras tanto, no parece tener intención de calmarse ni se muestra satisfecha con las ofrendas recibidas, sino que por el contrario da muestras de un apetito voraz de destrucción masiva y global del estado social y de derecho.

Por este camino, si nadie lo remedia, para cuando lleguen esas otras políticas de desarrollo y crecimiento que ahora nos anuncian, ya no quedará nada que sacrificar.

Yo no sé a ustedes, pero a mí no me tranquilizan en absoluto ni ese “Dios proveerá” del presidente Rajoy, ni las llamadas a la resistencia pasiva del ejecutivo canario. Más bien entiendo que como pueblo debemos empezar a ejercer nuestro derecho de participación democrática y revertir desde la misma, con nuestra presencia en las calles, pero también con iniciativas y propuestas, la política imperante. Es el momento y ya no admite más retrasos, de que las organizaciones políticas y sindicales y los movimientos sociales y ciudadanos, eso que se ha dado en llamar la izquierda social, encuentren la necesaria convergencia para plantar cara a la barbarie porque si no paramos esto, sencillamente no van a parar.

No sólo otro mundo es imposible, sino que otro mundo es seguro”.  José Luis Sampedro.
Canarias a 30 de abril de 2012

* Miembro de co.bas-Canarias y de Canarias Por La Izquierda-Si Se Puede


Adolfo Padrón Berriel*
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