20:52 h. Jueves, 24 de abril de 2014

Opinión

Si Groucho levantara el bigote... por Eduardo Serradilla SanchisEduardo Serradilla Sanchis

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Entonces, sin perder la sonrisa, le dijo al pomposo ejecutivo “Estimado señor, tras su larga y aburrida disertación me ha quedado una cosa clara. Usted es un absoluto imbécil. Yo lo sé. Usted lo sabe. Ellos, también lo saben. Y ahora, como ya todos lo tenemos claro, discúlpeme, pero tengo hora en la peluquería para que me corten las venas. Un placer, como siempre” y dicho esto, se levantó, se puso su sombrero y se marchó sin mediar palabra.

La sentencia de Groucho, tan lúcida y demoledora como solía ser costumbre viniendo de una persona como él, bien se pudiera aplicar, con algunos matices espacio temporales, a varias de las declaraciones que los responsables de la educación española han vomitado en los últimos días. Y digo vomitado porque más que una declaración ha sido un desparrame de despropósitos, medias verdades, tópicos en desuso y una ignorancia que raya lo esperpéntico. Y ellos tan contentos, debería añadir.

De otra forma no se entiende que se pueda decir, sin que a nadie le tiemble el pulso, que “La educación de los niños hasta los tres años es más asistencial que educacional”…¡Y dos huevos duros! Se nota que quien soltó semejante sentencia NO se ha leído un libro de psicología infantil en su vida. De haberlo hecho, sabría que los primeros tres años del niño –un plazo que muchos psicólogos amplían hasta los seis- son los más importantes en la vida de un niño. La formación, que no la deformación, debe comenzar bien pronto y seguir con la trasnochada idea de que las guarderías son sólo un “aparcamiento para niños” demuestra la falta total de conexión que existe entre la sociedad española y la educación.

Después está otra de las grandes perlas de la semana, aquella que dice que NO hace falta salir de España para aprender un idioma, sobre todo porque en nuestro país las condiciones son las más idóneas. Lo primero que me pregunto, dado que no resido en mi país, es si en estos últimos tres meses, las televisiones, los cines y la sociedad en general se ha vuelto bilingüe y yo no me he enterado. Hasta donde yo recuerdo, uno de los grandes males que rodean al aprendizaje de los idiomas tiene que ver con el tema del doblaje, el cual le hace la vida más fácil a la gente, pero no ayuda a fomentar el estudio de otras lenguas. Por otro lado, y aunque muchas cadenas de televisión emiten en dual, es muy difícil que en las casas donde viven varias personas de una misma familia se puedan ver los programas en versión original, dado que la mayoría ni sabe idiomas, ni le gusta leer los subtítulos.

Con la enseñanza que se da en las escuelas oficiales de idiomas y en las academias, a pesar del buen nivel que poseen, pasa algo similar, dado que los alumnos tienen pocas, o ninguna oportunidad de poder hablar con otras personas en otro idioma que no sea el español. Eso SOLO se logra cuando se sale del país de origen y no te queda más remedio que cambiar el chip y empezar a hablar en una lengua que no es la tuya. Además, salir del país de origen ayuda a expandir la mente y a no tener esa necesidad imperiosa que tienen demasiados ciudadanos de nuestro país, los cuales se pasan buena parte del tiempo mirándose el ombligo.

Puede que, en realidad, ésa sea la solución que buscan; es decir, dificultar la salida de nuestro país a todos aquellos que no tengan los suficientes recursos para hacerlo. Si las personas viajan y permanecen mucho tiempo fuera del país, puede que, al volver, no se traguen las mentiras de los mandarines con la misma satisfacción que antes.

No me quiero olvidar de aquellas frases que, por estar al final de una noticia, pasan desapercibidas para quienes solamente leen los titulares. Una de ellas vino a decir que una buena medida sería privatizar la educación secundaria y que quien quisiera ir al instituto se lo pagara. Para el mandarín que soltó la sentencia, el que la educación secundaria fuera gratuita era, poco menos, que un derroche.

En esto, como en la sentencia anterior, ya no se disimula el interés de algunos sectores del actual gobierno conservador de reservar la educación a las casas adineradas, en detrimento de las menos favorecidas, con la certeza de que sólo aquellos que tienen merecen disfrutar de los beneficios de la sociedad. El resto…pues nada, mano de obra y, a ser posible, barata y asilvestrada.

El resumen de todo esto bien lo pudiera poner Groucho, aunque tampoco estaría mal que algunos sectores de la sociedad española le dijeran a todos estos X*NUF<DS!!! que ya está bien de tanta majadería. A buen seguro que Julius Henry Marx les diría lo siguiente: “Estimados señores, son todos ustedes unos ignorantes. Yo lo sé. Ustedes lo saben. Los demás, también lo saben. Y ahora que todos lo tenemos claro ¿por qué no se van a su casa y dejan de jorobar al personal?... Ahora, si me disculpan, tengo hora con el psicoanalista, a ver si me cura el daño cerebral que me produce oírlos a todos ustedes. Buenas tardes”.


Eduardo Serradilla Sanchis
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