1:29 h. Viernes, 25 de abril de 2014

Opinión

Manipulación, tragedia y esperanza por Ramón Trujillo*Ramón Trujillo*

Colaboradores

El País explicó que “el auge” de Syriza, coalición “equivalente a la española Izquierda Unida”, y “la entrada en el Parlamento de los neonazis de Aurora Dorada, […] complican el escenario político” y “auguran” una “traumática formación de Gobierno”. A fin de cuentas, es el propio diario el que nos explica que, tras la frustración ciudadana con el bipartidismo, los griegos fueron a “votar con el corazón y con las vísceras”.

Para El País, una formación democrática como Syriza y otra neonazi son ejemplos de quienes “complican el escenario político”. La crónica electoral señala que antiguos partidarios de las formaciones del bipartidismo “se decantaron ayer por los extremos” y ello ha contribuido “al Parlamento más fraccionado de la historia”. El País citó a un diario griego que habló de “urnas bomba” para referirse al escenario creado por un Parlamento integrado por siete partidos, en un contexto de fuertes divergencias sobre qué hacer ante la crisis helena.

Sin embargo, cuando se habla de la aparición, o el crecimiento, de “partidos extremistas” es obvio que, implícitamente, se está señalando a otros que no lo son, que seguramente son moderados y sensatos y que, además, no recibieron el apoyo de quienes votaron “con el corazón y las vísceras”, sino, más bien, el de quienes votaron con el cerebro. Obviamente, se trata de Nueva Democracia y Pasok, que pasaron de sumar el 77% de los sufragios, en 2009, a sólo el 32% el pasado domingo.

El País dibuja dos escenarios políticos posibles en Grecia: el de los sacrificios que comparten el Gobierno heleno y la Unión Europea, o el de los partidos extremistas. Y, para representar el segundo escenario, se escoge al partido menos representativo de lo que son los supuestos “partidos extremistas” y, de ese modo, se magnifica, se publicita y se asusta a los lectores con la opción neonazi del 7% de los votantes griegos.

En realidad, en las elecciones griegas del domingo hubo un escándalo antidemocrático aún mayor que el de los 21 escaños obtenidos por Aurora Dorada y que, sin embargo, no motivó ni el más mínimo reproche en las páginas del principal diario de información del Estado. Me refiero al hecho de que la ley premiara con 50 escaños al partido más votado y que, por tal motivo, a Nueva Democracia se le haya regalado el equivalente al 86% de los escaños que sí obtuvo con el respaldo de votos, pasando de 58 a 108. Es decir, el 16.6% de los parlamentarios griegos son diputados-zombi de Nueva Democracia, dado que no les respalda ningún ser viviente.

Lo que está en juego

Lo que está en juego en Grecia es si se aplican o no políticas alternativas al sometimiento a las políticas económicas del bipartidismo griego, la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esas políticas están provocando recesión económica, pobreza, desigualdad, desempleo, el desmantelamiento del estado del bienestar y un deterioro extremo de los derechos laborales. Esas políticas de ajuste son un castigo tan duro contra la ciudadanía que, como señalaba recientemente un dirigente sindical europeo, recuerdan a las cláusulas punitivas del Tratado de Versalles, que avivaron la frustración nacionalista que dio alas al nazismo. Ante esto, gran parte del pueblo griego ha entendido que el bipartidismo sólo conduce a más de lo mismo y que la resignación hace que las cosas vayan a peor.

El problema de Grecia –y, cada día más, también el de España- es que el bipartidismo, la UE y el FMI sólo ofrecen un empobrecimiento de larga duración y el desmantelamiento del estado del bienestar. La UE ha dejado caer una economía, que sólo representa el 3% de su PIB, para así imponer una reestructuración regresiva de la economía, que permita obtener mayores beneficios privados de la desaparición de una parte del sector público y de la reducción de la masa salarial. La negativa del Banco Central Europeo a comprar deuda pública dejó a Grecia a merced de la especulación de los mercados financieros y, al final, la república helénica ha terminado dedicando más del 6% de su PIB al pago de la deuda pública.

Sufrimiento griego

Las políticas económicas del bipartidismo, la UE y el FMI han impuesto un terrible sufrimiento al pueblo griego. Durante la crisis el desempleo ha pasado del 7.7% al 21%, las pensiones han caído un 15%, el salario mínimo se redujo un 22% y se prevé despedir a uno de cada cinco empleados públicos, antes de 2015. En dos años, la tasa de suicidios ha aumentado un 40% y casi se han duplicado las de homicidios y robos.

El FMI estima que Grecia perderá el 14.4% de su PIB entre 2007 y 2012. Para 2013 y 2014 se han previsto nuevos recortes, que incluyen pensiones y gasto social, y se cuenta con obtener ingresos provenientes de las privatizaciones, que equivalen al 15.4% del PIB. Sin embargo, la caída de los precios de las empresas destinadas a ser privatizadas, sumada a los efectos recesivos de los recortes, obligarán a nuevos sacrificios. El objetivo del FMI es que, en 2020, el gasto primario del Estado se haya reducido al 33.6% del PIB (frente al 42.8% de 2007). Esto supondrá la destrucción del estado del bienestar.

No debe extrañarnos que el pueblo griego rechazara el bipartidismo y que, en su lugar, optara por lo que la crónica electoral del diario El Mundo describía como “una oposición fanática y fervientemente contraria a las políticas que el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional exigen a Grecia”. Por su parte, ABC colocaba el titular “Grecia, rota en pedazos” sobre el texto en que constataba la caída electoral del bipartidismo. La información se acompañaba con tres fotografías dedicadas a Amanecer Dorado, una a un sacerdote ortodoxo emitiendo su voto y tres pequeñas imágenes con los rostros de los candidatos más votados.
Dos salidas

Grecia tiene dos posibles salidas reales de la crisis. La primera exige modificar las funciones del Banco Central Europeo, renegociar la deuda pública, poner fin a los déficits democráticos de la UE y a sus políticas encaminadas a socavar los estados del bienestar. Asimismo, Grecia tendrá que combatir el fraude fiscal, incrementar la progresividad fiscal y nacionalizar sectores económicos estratégicos, entre otras medidas.

La segunda salida de la crisis la han planteado Mark Weisbrot y Juan Antonio Montecino, en un reciente informe del Center for Economic and Policy Research de Washington (More Pain, No Gain for Greece: Is the Euro Worth the Costs of Pro-Cyclical Fiscal Policy and Internal Devaluation?). Estos dos economistas nos recuerdan que Argentina sufrió una crisis aún más profunda que la de Grecia y logró salir de ella al negarse a pagar parte de la deuda, desvincular el peso del dólar y rechazar los ajustes impuestos por el FMI. Cuando Argentina cambió de política económica sufrió una nueva recesión y, a partir de ahí, experimentó el mayor crecimiento económico de Latinoamérica, durante la última década, e importantes mejoras sociales.

Por ello, Weisbrot y Montecino proponen que Grecia abandone el euro, renuncie al pago de la deuda y a las políticas de ajuste. Esto permitirá ver una luz, al final del túnel, que no sea la de un tren que se nos aproxima a toda velocidad. Si el euro y las políticas de la UE sólo sirven para empobrecer a los pueblos, sólo hay dos alternativas: cambiar las políticas económicas que acompañan al euro o salirse de la eurozona.

Por supuesto, todo este debate está ausente de la mayoría de los medios de comunicación. Y está ausente a pesar de, o más bien porque, nos afecta al resto de los europeos y, en particular, a los españoles.

*Coordinador de Izquierda Unida en Tenerife


Ramón Trujillo*
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