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/ 8/02/2012 (19:58 h.)
A MODO DE VER Y MANERA
El consenso del sí o sí
JOSÉ A. ALEMÁN
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El macho Soria dio a Canarias un plazo de diez días para que acepte las prospecciones petrolíferas. No entiendo, la verdad, para qué se toma la molestia cuando él mismo dice que, en todo caso, serán su Ministerio de él y el Gobierno central quienes decidan. Asegura querer un consenso no sé para qué porque, de no haberlo, repito, será Madrid y su profeta Soria quienes se impongan. O sí o sí pues en sus ministeriales manos, insisto de nuevo por si no lo expliqué bien a la primera, está reactivar el decreto de mándenle palante paralizado en 2004, el que por lo visto pararon por razones políticas, dijo el propio ministro de lo que deduzco que no son, qué va, estas las que lo mueven a él ahora. Aunque a lo mejor es cierto y sus razones son de mera politiquería, que no es lo mismo sino peor. Está dispuesto a correr el riesgo de que nos pongan todo perdido con tal de meterle el dedo en el ojo a Paulino. Debería contratar a Mourinho y perfeccionar su técnica de penetración ocular. Tiene repleta la agenda de su vengativa hoja de ruta.

Por parte canaria, la tradicional mansedumbre. Es verdad que los presidentes de los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura se oponen a las prospecciones; ma non troppo, oye. Se contentan, dijéramos, con cuestiones de procedimiento y forcejeo. Mientras, Paulino se agarra como un poseso al marco constitucional y dos piedras; a la capacidad competencial del Gobierno, que aporta una tercera piedra; al control isleño de las aguas canarias, que añade una cesta pedrera llena y a la ilusa proclamación del derecho de las islas a sacarle unas perritas al asunto lo que ya resulta ser un viaje de callaos de un camión grandito. Si mal no recuerdo, un alto responsable de no recuerdo qué compañía petrolera advirtió, hace años, que las islas no verían un duro porque eso funciona menos que el cuento de la lechera.

No se ocupan los políticos de recordar que la UNESCO declaró a Fuerteventura y sus mares reserva de la biosfera; tampoco les dice nada que las dos islas orientales sufran la contaminación crónica del tráfico de petroleros que señalara, hace unos días, la organización internacional Oceana, de conservación marina. No saben que en 2002, último dato de que dispongo, se calculaba en seis millones las toneladas de crudo que se vertían al mar cada año de las que solo un 10% procedían de accidentes y el 90% de prospecciones como las que quieren hacer ahí enfrente mismo, de operaciones de carga y descarga y de la limpieza de tanques.

Los políticos canarios tratan el problema como una cuestión de tira y afloja. Soria quiere lucir su “autoritas” y ellos procuran quitarle brillo apuntándose al consenso (entre ellos, por supuesto) que rebaja el “imperium” soriano para salvar la cara ante la opinión. Un consenso devenido mágico. Si no lo hay, da igual porque el Ministerio tiene la última palabra y con Soria de titular también la primera. Pero no se les ocurre, ni siquiera a los que dicen estar en contra, ponerse serios y proponer, qué sé yo, un referéndum o cuando menos el pronunciamiento claro, rotundo y definitivo del Parlamento. Que el consenso vaya más allá de los habituales compadreos. Con menos requilorios, mallorquines y valencianos pararon las prospecciones y podríamos entrar en sospechas, por qué no, de que el PP ha procurado complacer a los suyos, que mandan en esas dos comunidades y compensar a las compañías petroleras en Canarias. Como Carlos V, que pagaba sus deudas concediendo a los banqueros acreedores inmensas extensiones de tierras cuajadas de indios que explotar en América. Es lo que tiene la condición indígena.

Quieren los políticos canarios un consenso que, ahí radica la magia, les proporcione una coartada para no comprometerse con las prospecciones de las que esperan sacar unas perras. Quedarían bien como defensores de las ínsulas, víctimas incluso del centralismo metropolitano y el coste político sería para Madrid y su profeta Soria. Por eso no cargan la mano en los riesgos ecológicos sino en el inútil consenso del sí o sí; y si aluden a posibles efectos negativos sobre la actividad turística, lo hacen de pasada, sin cargar las tintas. Ya va siendo hora de que dejemos de chuparnos el dedo.

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14:19 h. - 9/02/2012
De:
Espectador expectante

Soria, el ministro, es, ahora, el Soria más Soria que nunca hayamos conocido, y está claro que lo conocemos un montón, pero como hasta ahora no ha tenido la oportunidad de ejercer la política como él la entiende, esa política de la que se puede salir, que para eso se está, sin tener que volver a ella en los años que le queden de vida, y eso se consigue estando de parte de las eléctricas, de las petroleras, de las telefónicas y demás gente de similar nivel, máxime cuando lo inmobiliario está en horas bajas. El de estas cosas sabe mucho, el curso previo lo realizó en Canarias con matrícula de honor, pero comparado con lo que está no hay color. Y luego está lo del Gobierno de Canarias en manos de un Paulino que envidia no poder hacer lo que Soria, siendo como es él tan del PP como el que más, aunque lo disimule con su manta esperancera y sus romerías. De los consensuadores me río yo, todos están pendientes de ver lo que pueden sacar aunque se manchen las manos con ese petróleo, que de haberlo, no será lo único que manchará, y mientras está el PSC-PSOE, lo que queda de él, pese al reforzamiento del que presume JMPérez, pero que ni cruje ni muge, no pinta nada, aquí pinta Soria y el PP.

08:48 h. - 9/02/2012
De:
Profesor C. Rodríguez Ruano

¿Dejaremos de chuparnos el dedo? O, como diría el Sr. Díaz Tejera, ¿abandonaremos el camino del "penelopismo? ¿Es la paradoja canaria irresoluble? Los políticos canarios no se atreven a exigir soluciones de forma drástica, en parte porque no están convencidos de sus decisiones, en parte porque no se saben apoyados por el pueblo. Por una parte, el pueblo y sus representantes necesitan decidirse, pero por otra tienen miedo a tomar decisiones definitivas. Grosso modo, descontando a los políticos españolísimos y sus seguidores incondicionales (PP, PSOE, PCE) y sucedáneos (CC y sus expansiones), sólo nos queda NC y CNC. Este último ha elegido el camino de la confrontación excluyendo a Gran Canaria. No tiene futuro. ¿Será capaz NC de aglutinar el descontento de las 8 islas? ¿Será capaz NC de resolver la paradoja de la irresolución y el miedo mediante el cauce de la democracia propiciatoria y decisiva? En ello confiamos. Saludos. Ahul.

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