Sábado, 13 de marzo de 2010 - Actualizado a las 13:33 hs.
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Principios editoriales
Un pacto con los lectores

No hace falta ser un sesudo analista de la vida política y social de Canarias para llegar inmediatamente a la conclusión de que la nacionalidad atraviesa un momento decisivo. No sólo porque el Gobierno de Canarias esté tratando de liderar con mayor o menor fortuna el modelo de futuro por el que habrán de regirse quienes tienen capacidad para decidir, sino también porque la situación de deterioro político-social es de tal calibre que requiere soluciones contundentes.

La nociva mezcla que se está dando con excesiva frecuencia entre el interés público y el interés privado, entre la política y el negocio particular, entre el dinero público y el beneficio personal, entre la subvención y el clientelismo descarado está produciendo efectos demoledores sobre la conciencia ciudadana y sobre la credibilidad de los políticos y de los empresarios.

A eso hay que unir el seguidismo con que actúan muchos medios de comunicación canarios, que también han entrado en el sistema considerando que fuera del mismo no se puede sobrevivir. Han preferido, por regla general, sacrificar su obligación de ser notarios de la realidad, de fiscalizar a los poderes públicos y de defender los intereses generales, para garantizarse la financiación pública y privada por la vía de la publicidad y de otros mecanismos que se pueden considerar atípicos.

En ese sistema, lamentablemente, ya están entrando también ciudadanos de a pie, empezando por los funcionarios públicos y continuando por el resto de personas con criterio, que empiezan por no creer lo que está pasando y terminan por encogerse de hombros y pensar que nada de esto tiene solución. Por no hablar de los que, sencillamente, se suman a la vorágine y tratan de abrirse un hueco en el sistema mismo de la manera que les es permitido.

Ante esto, proponemos a nuestros lectores un pacto consistente básicamente en no callar nunca, decir toda la verdad, y explicar y diseccionar el sistema en cada ocasión cuando la importancia de los asuntos lo requiera.

Cómo hacerlo

Contar las cosas que pasan, tal cual son, desentrañarlas y explicarlas con detalle es una tarea complicada en un sitio como éste y fuera del sistema. De entrada, genera incomprensión y muchos enemigos que inmediatamente se apuntan a serlo. Nos ha venido pasando en este periódico desde que iniciamos nuestra andadura. Pero curiosamente, a medida que se va consolidando esta línea editorial, el número de críticos -de enemigos- se va circunscribiendo a unos pocos mientras crece el número de lectores fieles y la credibilidad del medio.

Es en la credibilidad donde ha de radicar necesariamente el principal valor de este periódico. No sólo hay que publicar lo que es verdad y reconocer cuándo se yerra. También es preciso limitar al máximo los campos vedados, porque cuanto más amplios sean éstos, más rápidamente se perderá la confianza del lector, que incluirá al medio en el mismo listado en que figuran los demás. Y encima con una decepción que los otros ya no pueden proporcionar.

Pero, además, hay que ayudar a interpretar por qué las cosas ocurren como ocurren, para lo que es necesario también meterse en ocasiones en territorios de la competencia. Muchas cosas no son comprensibles si no se explica por qué los colegas actúan del modo que lo hacen.

   
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Y además, rentable

Hacer periodismo convencional (contar las cosas que ocurren) y comprometido (con la verdad y con los lectores) no es sólo una obligación profesional (la del periodista) o empresarial (la del editor). Es también un negocio rentable. De ahí que no queramos que nadie nos considere paladines de la justicia social ni de un orden divino. Hacemos un periódico que ha de ser rentable también en lo económico, factor éste imprescindible para ser rentable en lo periodístico y tener el margen de independencia necesario. Nuestros accionistas están en su derecho de ganar dinero y hacia ese objetivo están planteadas las correspondientes acciones comerciales.

Si los periódicos tradicionales atraviesan en estos momentos sus peores cotas de credibilidad, si ya hasta los políticos denuncian pactos en los que están medios de comunicación… ¿puede haber algo que atraiga ahora mismo más a un lector inquieto que un producto periodístico que le ayude a entender lo que pasa? ¿Adónde puede acudir hoy en día ese lector, por lo demás líder de opinión, para enterarse de lo que realmente está ocurriendo?

Poner en el mercado lo que nadie oferta, proponer a los lectores un producto que no pueden encontrar en ningún otro lado, ser en definitiva independientes, o tender a la independencia como objetivo principal, debe ser en teoría un negocio rentable.

Nuestra línea editorial: la decencia

En el actual contexto político y social de Canarias muchas veces se nos plantea la necesidad de fijar de modo claro nuestra línea editorial. La tendencia habitual es poner caras y siglas a esa línea. Entendemos que es precisamente ahí donde radica el error de editores, periodistas, políticos y lectores.

Un periódico como el nuestro que pretende defender comportamientos normales, decentes, por emplear un término más preciso, no puede encontrar en estos momentos a ningún líder ni a ningún partido que lo represente. Por tanto, ante un proceso electoral no habrá de apostar nunca por opción política o candidato alguno.

Nuestro pacto con los lectores, nuestro compromiso, deberá ser contar todo lo bueno y todo lo malo de las propuestas que se presenten ante los ciudadanos. Y si contar todo lo malo de un líder o de un partido es interpretado como una campaña en su contra, lo lamentaremos por el que así piense. Sólo estaremos cumpliendo con nuestra obligación.

Insistimos en que hacer esto no tiene más mérito que el que tiene la normalidad. Y la normalidad, si existiera en todos los ámbitos, obligaría a todos los medios de comunicación a defender la decencia de los comportamientos y de las personas, entendiendo por decencia aquella cualidad humana que antepone los valores a cualquier otra consideración.

Podríamos hablar de patriotismo, de defensa de la canariedad, de macroeconomía... Pero preferimos quedarnos con defender la decencia. Es el camino menos complicado que podemos escoger, sin duda, pero a su vez el que más esperan de nosotros nuestros actuales y futuros lectores.

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